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12 Cosas que odiaras durante tu embarazo... ¿Aún no te las han contado?

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¿No lo sabías? Estas son 12 situaciones comunes durante el embarazo que jamás te contaron

Aunque sea el momento más hermoso en la vida de una mujer, tiene también una carga complicada y difícil de llevar. Un catálogo de situaciones que van desde los pies hinchados al indescriptible tamaño de los pechos. Tener un hijo es una situación única, inexplicable, incomparable. Sobre esa parte de la maternidad es de la que hablan todos. Ahora bien, el embarazo tiene momentos que están muy lejos de la parte idealizada de la gestación. Aquí, algunos de ellos.




1. No llegás a atarte los cordones ni a ponerte las medias: a medida que la panza crece, agacharse hasta los pies parece una misión imposible. Una fuente consultada por Entremujeres dijo que peor aún fue cuando tuvo que pedirle a su marido que le corte las uñas. 

2. Se te hinchan los pies hasta parecer una empanada: esos que alguna vez parecieron piecitos de princesa, se convierten en extremidades de ogro. Mala circulación, altas temperaturas y retención de líquidos derivan en un rotundo cambio de puede terminar en un aumento de uno o dos números en lo que a calzados se refiere.

3. Los primeros meses podés vomitár hasta el agua: en el trabajo, en casa, en el colectivo y en la calle. Para algunas embarazadas no hay ningún tipo de distinción a la hora de vomitar. Claro que todas sabemos que las náuseas y los vómitos son moneda corriente durante la gestación, ¿pero es necesario que sea tantas veces?

4. Todos opinan sobre tu peso: “Lo ideal, cómo máximo, es un kilo por mes”, se atreven a decirte sin sonrojarse. De repente, todos son obstetras y nutricionistas. Podemos agradecer esas supuestas “buenas intenciones” pero del crecimiento de nuestro bebé y de nuestra silueta nos ocupamos nosotras. 


5. Te tocan la panza, aún sin conocerte: hay mujeres a las que no les molesta, pero existen otras que se sienten invadidas cuando cualquiera, sin preguntar, posa su mano sobre el vientre en crecimiento. Pregunten antes de hacerlo, las panzas no son un bien público.   

6. Dormir con tu pareja es semi-imposible: llega un momento en que uno de los dos deja la cama matrimonial. No es falta de romanticismo ni de compañerismo, pero la comodidad se torna complicada. La panza exige dormir de costado –y eso de dormir sí que se hace difícil durante los últimos meses- y no son pocas las veces que se dan muchas vueltas en la cama.  

7. Depilarse, una aventura de riesgo: entre tu mano y tus zonas a depilar hay un abismo (o una panza en constante crecimiento, que es casi lo mismo). Consejo: acceder a una depiladora profesional y no tratar de depilarse sola.

8. El sueño es fatal: testigos afirman que durante el embarazo dormían dos siestas cada tarde (sin contar la que aprovechaban en el colectivo, de vuelta del trabajo). Otras madres aclararon que el sueño llega para quedarse “por siempre”. Primero no dormís por el embarazo, luego por el bebé, y así sucesivamente durante la vida maternal. 

9. El calor invade tu cuerpo: la revolución hormonal convierte a mujeres friolentas en sujetos absolutamente calurosos. Algunas de ellas dijeron a este medio que “con el termostato cambiado”, parte de su vestuario se volvió inútil y desecharon pulóveres de lana y demás abrigos.

10. El sexo se vuelve un evento complicado: A medida que la panza crece, la incomodidad hace lo mismo. Luego vienen los 40 días sin sexo establecidos por el obstetra y, después, largos meses de intentar aprovechar cada segundo en que el bebé duerme para hacer todo lo pendiente. Sin embargo, también están quienes se erotizan y utilizan las 39 semanas de gestación para acumular la actividad sexual que no se podrá tener durante el posparto. 


11. Hemorroides, "hola, ¿qué tal?": sí, no es agradable hablar de esto, lo sabemos. Pero es una verdad irrefutable: después del parto se puede experimentar esta nueva experiencia, que se suma a los dolores propios de dar a luz. 

12. El tamaño de los pechos es indefinido: podés pasar de un mini corpiño a una bolsa de papas durante la etapa de lactancia. Y, por supuesto, jamás vuelven a su forma ni tamaño natural. Los pechos de madre son una categoría aparte, para toda la vida. 

Fuente: entremujeres.clarin.com

Publicado por: el dia jueves, 5 de mayo de 2016 a las 18:53:00

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